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Mela les enseñó la casa a fondo, todo parecía gustarles, aunque ella sabía que más que en la mansión, los dos se estaban fijando en ella, en sus inacabables piernas y en sus generosas tetas. como buena vendededora, mela siempre intenta darle al cliente lo que quiere para cerrar el trato y, ellos, lo único que querían era metérsela hasta el fondo.
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