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Llegaron al cuarto de baño de tíos, agarrados de la mano, sin decirse absolutamente nada y mirando en todas direcciones. Nada mas cerrar la puerta, Fran, arrinconó a Patricia contra la misma puerta que acababan de cerrar y se tiró sobre ella como un perro en celo. Comenzó a besarla en la boca, metiendo la lengua hasta encontrar la de ella, y moviéndola de derecha a izquierda y de arriba a abajo, en un baile frenético. Al tiempo, ella volvía a agarrarle el falo que estaba aún más erecto si se podía y lo agitaba sin ninguna piedad como si quisiera quedárselo. Él entonces decidió pasar a la acción y posó su mano derecha sobre la teta de Patricia, que tenía los pezones tan erizados que parecían querer salirse del top. Además con la mano que le quedaba libre a Fran, comenzó a rozar el coño por encima del pantalón vaquero de Patricia, notando lo caliente que se encontraba esa zona, y lo cachonda que se ponía con cada movimiento, por la manera de gemir y respirar que tenía. Sin más, Fran se terminó de quitar el mono, dejando a la vista solamente un calzoncillo ajustado a lo Calvin Klein, marcando el pedazo de bulto, mientras ella seguía agitando el pollón por encima de ropa interior. En ese momento, el giró a Patricia, quedando de espaldas a él y mirando hacia la puerta, y comenzó a quitarle el pantalón vaquero desde atrás, mientras rozaba su cipote contra el culo de ella. El culo de aquella tía lo estaba poniendo aún más cachondo solo de pensarlo. Ella de espaldas, sentía la polla de aquel tipo rozándole el culo y quiso sentirla aún mas cerca, por lo que mientras con una mano se apoyaba en la puerta, con la otra agarraba el culo de él y lo arrastraba hacia el de ella. Los corchetes que sujetaban el top a la entrepierna de ella, cedieron nada mas ser tocados por Fran, además, con una gran habilidad le quitó las braguitas, sintiendo su frutita, caliente y húmeda, quedándose al aire. Solo deseaba que él se la metiera ya, en ese mismo momento. Como si le hubiera leído los pensamientos, Fran la penetró. Introdujo su reluciente polla muy lentamente, en aquel coñito, mientras con la otra mano acariciaba una teta de Patricia. Ella lo sintió muy dentro de ella. Aquella asta calentita se le introducía muy lenta pero inexorablemente. Para sentirlo mejor comenzó a moverse de izquierda a derecha y posteriormente de arriba a abajo también muy suavemente, porque quería prolongar aquella sensación tan placentera. Todo su cuerpo se encontraba concentrado en aquel punto de su anatomía, y sentía todas y cada una de las embestidas de aquel tipo que acababa de conocer hacia quince minutos, lo que la hacían desprender más flujos de placer. Entonces llegó, sintió un golpe de líquido, tan calentito como el de la estaca que la estaba penetrando o aún más si es posible, y entonces abandonó todo su cuerpo, y ella también se fue por entre sus piernas. Toda ella era un enorme río de placer que corría en busca de la salida. Había sido rápido y fugaz, pero extremadamente placentero.