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El verano aumentaba su fuego. Una tarde calurosa se encontraba en casa. Acababa de terminar sus tareas de la casa y estaba sola pues su marido había salido de viaje. El calor que sentía era tan sofocante que decidió darse una ducha. Ya en el baño se disponía a desnudarse cuando repara en su imagen reflejada en el espejo. De repente algo en su mente y en la boca de su estómago la dejan temblando. Sus ojos recorren ansiosamente su figura. Hace tiempo que no se fijaba en sí misma. Empieza mirándose su pelo suelto, sudoroso y desaliñado. Ese aspecto le resulta algo deprimente pero en el fondo nota algo de rebeldía en su aspecto. Sus ojos miran con deseo y sus labios carnosos le sugieren sensaciones intensas en su mente. Los humedece ligeramente con su lengua. Sin quererlo deja escapar un ligero gemido. Repentinamente siente miedo de continuar pero ese gemido la ha excitado tremendamente y desea imperiosamente continuar. Por primera vez en su vida desea hacer algo atrevido. Algo que la haga sentirse liberada, así que decide continuar sin preguntarse nada. Solamente sentir, sentir, sentir y sentir. Lentamente baja su vista hasta sus pechos. Con la excitación sus pezones se han puesto duros. Sus pechos son hermosos y abundantes. Piensa en todas las veces que han sido motivo de sensaciones agradables. En las veces que han sido besados con pasión. En las veces que ella misma los ha utilizado para sus juegos. No puede resistirse y lentamente desabrocha la blusa que esconde tan hermoso tesoro. La blusa cae y deja entreverse un cuerpo sudoroso y a la vez hermoso. El sujetador, de encaje, transparenta el rosado de sus pezones, grandes y redondos que contrastan con la tez blanca de los pechos, protegidos y mimados del sol. Unos pechos erguidos que empiezan a ser tocados con el dedo anular de su mano derecha. El dedo recorre temblorosamente el valle por el que discurren las gotas de sudor entre ambos pechos. Lentamente recorre la parte que el sujetador deja desnuda y va de un pecho a otro. Los pezones aumentan de tamaño. La dureza de los mismos la hacen sentir un ligero dolor que la excita aún más. Ella traga saliva con cierta torpeza porque los nervios son presa de sus músculos. La respiración es agitada y entrecortada. Está disfrutando enormemente de ese momento, íntimo, libre y suyo. Su mano penetra con deseo entre el sujetador y la piel de su pecho izquierdo. Lentamente alcanza su pezón y lo siente duro y grande como nunca antes se le había puesto. Con cierto esfuerzo baja su sujetador sin desabrocharlo dejando el hermoso busto al aire. Levantado por la presión de la tela y aumentando aún más su volumen. Ella usa una talla ciento veinte pero le parece que ha aumentado casi al doble. Nota que en su parte más intima empieza a rezumar con intensidad. Casi huele su excitación. Desea llegar hasta esa zona pero prefiere ir despacio disfrutando al máximo de todo lo que aún hay entre medias. Introduce ávidamente su dedo en la boca y lo moja en una saliva que casi se le ha ido de la boca debido a sus nervios.