Hola, tengo 25 años y vivo en Salou con mi novio, con el que llevo saliendo casi 6 años (fue mi primer amor a los 19 y con él perdí mi virginidad). El trabaja en una empresa de informática y yo soy profesora interina, y estamos esperando a que yo tenga una plaza fija para poder casarnos y establecernos en un sitio fijo.
Lo que os voy a contar ocurrió el invierno del año 2003, ya que me llamaron para trabajar en un pueblo cercano a Valencia y me tocó irme a quedar allí. El domingo al mediodía mi novio me llevó con el coche y buscamos una pensión para pasar los primeros días, sólo había una pero estaba bastante bien, así que cogimos la habitación, subimos las maletas y mi novio se volvió a Salou para acostarse pronto e ir a trabajar al día siguiente. La pensión era tranquila y, según nos había dicho el encargado, hasta el día siguiente no habría nadie allí así que estaría muy tranquila. Yo me arreglé un poco la habitación y decidí bajar a buscar algún bar y cenar algo antes de volver a subir para descansar, y cuando pasé por recepción para dejar la llave Jorge el encargado me dijo:
- Ha habido un pequeño problema, sin darme cuenta la he puesto en una habitación que no funciona el agua caliente, le voy a dar esta otra llave y cambie sus cosas.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo de los pies a la cabeza… ya bajando las escaleras noté un olor extraña, pero ahora se había hecho más intensa y me daba una sensación rara.
- Ah! Perdone - intenté disimular que me había quedado atontada y casi sin palabras, mientras me daba la llave - Pero si estoy en la 105 y me da la 202, yo sola no podré subir la maleta.
- No se preocupe, yo la ayudaré.
Así nos dirigimos a mi habitación y empecé a encontrarme cada vez más extraña. Cuando entramos empecé a poner las cosas que había sacado de la maleta dentro, pero hubo un momento en que ya me quedé quieta, casi sin fuerzas, de pie delante de la cama. En ese momento Jorge se acercó hacia mí, era un hombre de unos 45 años, con pelo canoso, bigote y mal afeitado, tenia un poco de tripa y se puso delante de mí, recorriéndome todo el cuerpo con la mirada.
- Cuando has entrado por la puerta, no he podido evitar mirarte bien, pero ahora que te veo mejor me parece que eres muy guapa y atractiva.
No pude ni contestarle, parecía que me habían quitado las fuerzas ni para abrir la boca, y a duras penas conseguía mantenerme de pie. Jorge me desabrochó los botones de mi camisa y la dejó entreabierta, pudiendo ver el contorno de mis pechos y me desabrochó los pantalones quedándose inmóvil delante de mis varios minutos. Me sentía horrible sin poder hacer nada para evitar aquello, y mi cuerpo sudaba y sudaba de manera muy nerviosa. Me reclinó sobre la cama y empezó a acariciar todo mi cuerpo, muy suavemente, noté que lo hacía con mucho cariño y me entraron ganas de llorar. Yo siempre había sido fiel a mi novio y ni antes ni después de conocerlo había estado con nadie. Me sentía horrible, pero los escalofríos que seguían recorriendo mi cuerpo parecían hacerme sentir excitada incluso contra mi voluntad.
Casi sin darme cuenta, Jorge empezó a quitarme los pantalones y al quitarme el tanga empezó a acariciarme muy suave, hasta que acercó la boca a mi clítoris y empezó a lamerlo con mucha intensidad. Ahí si que no pude aguantar y empecé a notar que me estaba dando placer, su lengua y el roce de su bigote me hicieron sentir algo que nunca había sentido. Mi vagina estaba humedeciéndose y noté como me introducía un dedo, dándome más placer aún. Sin poder ni moverme me llegó un orgasmo inminente y me entraron ganas de ponerme a llorar al mismo tiempo, a chillar, a pedir ayuda, pero cualquier intento era en vano. Estaba paralizada. Deseaba que todo acabara ahí, ni por todo el placer del mundo quería que me pasara lo que me estaba pasando, pero realmente estaba viviendo unas sensaciones que nunca había vivido. Jorge paró, pero no porque se retiraba, sino que vi como se quitaba los pantalones y sus calzones para sacar su enorme miembro. Nunca había visto nada así, ni en la tele, y la tenía casi el doble que mi novio (seguro que eran más de 25 cm.).
Cuando la puso frente a la entrada de mi vagina, pensé que me iba a matar. Sin embargo empezó a metérmela con mucha suavidad, primero sólo el glande, me lo restregaba por mis labios, por el clítoris, y me lo volvía a introducir, y poco a poco iba metiendo más. Noté como mi vagina se iba dilatando para que siguiera introduciéndose, y notaba todo el calor que emitía dentro de mí. Cada vez llegaba más lejos y cada vez me gustaba más, ese mete y saca me hacía ver estrellas en cada movimiento. Llegó un momento en que noté que me la metía toda entera, y cada incursión me provocaba casi un orgasmo, nunca me había sentido tan llena con ese calor dentro de mi. La entrada era interminable, y cuando salía notaba como se revolvía del placer que le estaba dando. Los movimientos se fueron haciendo cada vez más bruscos y más rápidos, incrementando mi placer y haciendo que me sintiera en una nube. Finalmente, noté como le vino a Jorge y el calor que sentía dentro de mi se convirtió en una hoguera de su semen que fluía por mi interior.
Cuando terminó se levantó rápidamente, me cubrió desnuda con una sábana y dos mantas y se marchó dejándome en una nube, y sin fuerzas para nada. Pero no tardé en quedarme dormida debido a todo, a el mareo y la flojedad que sentía desde que bajé a recepción y por el enorme placer que me dio con su verga.
Al día siguiente me levanté, hice la maleta, y no pude resistir el quedarme ni un solo día más allí, no fui ni a trabajar y dejé la llave en recepción sin mirar al chico que estaba en el turno de mañana, dejé el dinero y me fui a la estación de trenes para volverme a Salou con mi chico. La verdad es que nunca olvidaré aquella noche, aquel hombre, aquellas sensaciones, pero yo no soy así y quiero estar con mi chico el resto de mis días. Sin embargo, siempre le estaré agradecida a aquella pensión, por haberme hecho sentir tantas cosas al menos una vez en mi vida.