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María y mis juguetes sexuales

Por Anónimo (Heterosexual) 3520 lecuras

Este relato ocurrió hace unos días, un amigo se había comprado una casa en Bellavista, a las afueras de Huelva, y quería vender su piso lo antes posible, lo puso en periódicos y agencias inmobiliarias, e iba recibiendo numerosas visitas en el piso. Hace unos días, tenía gente que iba a ver el piso por la tarde, el tenía que salir de viaje, así que me pidió que yo le enseñara el inmueble, yo acepté y a la hora indicada me fui hacia el piso, ya que él había quedado previamente con el cliente.

Cuando llegué al piso, estaban en la puerta esperando dos chicas, Esther y María, la primera era de piel blanca, pelo rubio, alta, peso medio, pechos grandes y un traje negro, la otra era una chica de piel morena, pelo negro, estatura media, delgada, con grandes pechos, y un cuerpo escultural metido en un vestido marrón. Les enseñé el piso, les encantó, tras esto se fueron, llamé a mi amigo y se lo dije. Al otro día, cuando hablé nuevamente con mi amigo me dijo que al final se quedaron con el piso, y que iban a escriturarlo en los dos días siguientes.

El sábado siguiente, salí de fiesta con mis amigos, y casualidades de la vida me las encontré a las dos juntas tomando una copa en la Merced, estaban bailando, las dos con vestidos completos muy sexys, cortos y con escote, Esther lo tenía color cereza y María verde. Nada más verme, las dos se vinieron hacia mí, las saludé, y ellas muy contentas me empezaron a decir que estaban muy ilusionadas con el piso, les pregunté por como iban con el piso y me dijeron que solo lo habían tenido dos días, pero que les iba muy bien, pero que la calefacción no les funcionaba, me quedé sorprendido, y les dije que a lo mejor no la pusieron bien, pero que de todas formas la mirasen porque estaba en garantía y si fallaba que se lo dijeran a mi amigo. Ellas me contestaron que si yo quería que fuera un día y la veía a ver si funcionaba o no, yo le dije que de acuerdo, entonces la chica negra me dijo que si quería que podíamos ir ahora, que ella me acompañaba y me enseñaba como ella lo hacían, me quedé un poco pensativo porque iba con mis amigos, pero al final acepté.

Quedamos a la media hora en el piso, yo antes de ir fui a mi casa, y cogí mi maletín con los juguetes sexuales, pues intuía que María quería guerra, y yo se la iba a dar. A la media hora nos encontramos en el portal, entramos en el piso y me enseñó la calefacción, seguidamente me preguntó por el maletín, y le dije que eran las herramientas, le pedí que la encendiera y se puso delante de mí, con su culo en pompa, yo me quedé mirándole el culo fijamente, su culo redondito, negrito, hasta que ella se dio cuenta y me dijo que qué hacía, yo le respondí que me perdonase, que tenía un culo muy bonito y no me pude resistir, María se empezó a reír y me dijo que yo le gustaba. Inmediatamente ella empezó a quitarse el vestido, se quedó con su braguitas negras y el sujetador del mismo color, seguidamente me dijo que hiciera con ella lo que quisiera, sin demora, abrí mi maletín, y aparecieron todos mis juguetes. A continuación la besé, estuvimos un rato así, mientras nos acariciábamos nuestros cuerpos, me encantaba aquel negro torso, ella me quitó mi camisa, y yo dejé sus senos al aire, se podía observar sus grandes aureolas negras, con sus tiesos pezones, no tardé mucho en lamerlos, en mamarlos, a ella le gustaba, estaba muy excitada ya, al igual que yo.

A continuación nos fuimos al dormitorio, saqué el passion play, mi conjunto de ataduras y máscara, todo ellos fabricado en terciopelo, lo cual tenía un contacto muy suave, sin pasar mucho tiempo, le até las muñecas al cabecero de la cama, después le quité las braguitas, pudiendo observarse su negro coñito, con algunos pelos en su monte, luego le até los tobillos a la parte inferior de la cama, estaba completamente inmovilizada, finalmente le tapé los ojos para poder en un principio abusar de ella sin que supiera que pasaba, iba a ser una nueva experiencia para aquella negrita aventurera. Tras esto, saqué mi aceite lubricante y fui acariciando su rajita con mi mano, a ella le encantaba, soltaba leves gemidos, mi mano jugaba con sus labios, con su clítoris, con la entrada de su vagina y con la de su culo, María estaba encantada, y abundante fluido salía de su vagina.

A continuación cogí mis bolas chinas de metal, las cuales son macizas, con un peso superior a doscientos cincuenta gramos, y que suelen provocar un gran placer a las chicas debido a su peso, y se las fui metiendo en su coñito, a ella le gustaba, sabía que eran bolas, pues entre una y otra estaba el hueco de la cuerda, incluso me animaba a que le metiese más bolas, las cinco entraron en su coñito, las aceptó gustosa, se fue retorciendo y moviendo para que las bolas fueran rozando sus paredes y de este modo poder excitarse más aun.

Las bolas chinas pesadas las había aceptado bien, le gustaban, así que al rato se las quité, fui a mi maletín y cogí el space ball, una bola china únicamente amarrada a una cuerda, la bola dispone en su interior de un vibrador incorporado, se la metí y ella se quedó con cara de esperar más bolas, le dije que esperase que solo había una pero que iba a ser deliciosa, ella se quedó a la espera hasta que conecté la bola, está empezó a moverse en su interior, sin parar, era un placer continuo, no hacía falta moverse, la bola lo hacía todo, ella gemía alocadamente, tuvo su primer orgasmo, chillaba de placer, no se la podía quitar, su negro cuerpo se movía para todos lados, me rogaba que se la quitase, mientras lo hacía tuvo un nuevo orgasmo, estas bolas las usaban mucho las chicas, incluso cuando estaban trabajando, en el cine o en los lugares más insospechados, María tras conocer éste pequeño juguete, seguro que iba a echar de menos el tiempo que había perdido sin probarlo. Pasado el segundo orgasmo decidí quitársela, ella se quedó rendida tirada en la cama.

Minutos después le dije que iba a meterle otro aparatito, ella me pidió más tiempo de descanso, que estaba rendida, yo sonreí y me fui al maletín, cogí el thunder balls, un conjunto de cuatro bolas de plástico muy suave, cada una de las cuáles vibraba, y fui metiéndoselas, María pensaba que eran de nuevo las bolas chinas, pero cuando las cuatro entraron activé el motor y las bolas empezaron a vibrar, María soltó un gran quejido, y después se puso a gemir, me rogaba que parase, que no podía más, que se estaba corriendo otra vez, su tercer orgasmo se hizo visible, yo continué, su vagina estaba probando mis aparatos, me encantaba ver a aquella negra rogándome que parase, yo le acariciaba sus pechos, los besaba, los lamía, jugaba con mi mano en su clítoris, ella no paraba de gimotear sonoramente hasta que tuvo un nuevo orgasmo. Tras esto le retiré las bolas de su coñito.

María descansó un poco, y supongo que temiendo que le metiese otro aparatito por el coñito me dijo que hiciera con su culo todo lo que quisiera, que dejase su coñito descansar, que me daba su culito, boca arriba como estaba, levantaba su pelvis, enseñándome su ano, empecé a lamerlo, a chuparlo, y a saborearlo, después cogí mi lubricante y con mis dedos fui masajeando su culo. María seguía con sus extremidades amarradas a la cama, para limitar sus movimientos, la máscara continuaba sin dejarle ver nada.

Cuando vi que estaba ya preparado su culo, fui a mi maleta y cogí las bolas chinas anales, eran cinco, de plástico especial, con un tamaño de un poco más de dos centímetros de diámetro, hice presión con la primera y tras una primera resistencia al final entró, se perdió en su culo, lubriqué la siguiente bola e hice lo mismo, e igualmente entró, después la tercera y la cuarta, finalmente, a la quinta le eché el aceite y la presioné contra su ano, mostró algo de resistencia pero al final entró, ya solo quedaba fuera la cuerda para tirar de ellas. Le dije a continuación que se moviera, para que pudiera sentir las bolas, ella lo hizo, le gustaba, sonreía. Las tuvo dentro bastantes minutos, hasta que se las fui sacando, poco a poco iban saliendo de su culo, hasta que se quedó vacío, tras esto, las limpié y se las metí por su vagina, entraron todas sin problemas, ella se quedó inmóvil. Con esta situación, la desaté, la dejé libre, María se quitó la máscara e inmediatamente se abalanzó sobre mí, me empezó a besar alocadamente, me acariciaba mi torso desnudo.

Al rato, le dije que se pusiera a cuatro patas, ella lo hizo, de su coñito colgaba la cuerda de las bolas, fui al maletín nuevamente y cogí el inflatable butt plug, un fantástico pene anal hinchable capaz de aumentar su tamaño mediante una bomba, era súper venoso, muy real, con un tacto y apariencia insuperable, ella lo vio, pensaba que era un consolador, lo lubriqué y se lo fui metiendo por el culo, poco a poco hasta que entró entero, tenía sus dos agujeros llenos. Cuando noté que su culo estaba acostumbrado al aparato, empecé a bombear el pene, y este fue cogiendo mayor volumen, su diámetro se iba incrementando, ella me miró y me dijo que se estaba hinchando, yo le dije que sí, que se relajase, el pene era cada vez más gordo, chocaba con las bolas chinas de su vagina, ella soltaba suaves quejidos, hasta que minutos después llegó al límite el pene, ella se quejaba del tamaño, decía que la estaba reventando, yo dejé las dos cosas en sus agujeros y con mis manos me puse a acariciar su clítoris y sus tetas, la negrita estaba recibiendo una buena sesión de sexo, y poco tardó en volver a tener un nuevo orgasmo. Tras esto desinflé un poco el pene de su culo, y se lo saqué, dilatando su ano para poderlo retirar, su culo negro se le quedó un poco abierto, me encantaba observarlo.

Pronto comencé nuevamente a lamerlo, chuparlo, saborearlo y besarlo, estaba como loco, me bajé los pantalones, después el slip, y se la hinqué por el culo, ella soltó un quejido, se sobresaltó al notar mi verga en su culo, ella al notarla me dijo que le iba a destrozar el culo con tantas cosas metidas, yo le contesté que este era el final, y después empecé a bombear con fuerza para que notara toda mi polla en su culo, era delicioso, sus tetas negras botaban, además ella continuaba con las bolas en su coñito, las cuales a veces notaba. Su culo estrechito, el cual no había sido perforado muchas veces, había dejado lugar a un culo abierto, los aparatos habían ejercido bien su trabajo, seguía bombeándola como un loco, ella gemía fuertemente, me rogaba que le diese fuerte, yo lo hacia hasta que a los pocos minutos ella se corrió, yo no aguanté mucho más y me corrí dentro de ella.

Tras esto, ella se soltó, se quitó las bolas chinas, y empezó a chupármela, saboreando los restos de mi semen, yo masajeaba sus tetas, ella chupaba y chupaba, se la tragaba entera, como la perra que era se tragó todos los restos, los saboreó. Finalmente, me volví a poner los pantalones y la camisa, y le dije que tenía que irme, que algún día la visitaría, ella me contestó que de acuerdo, que a ver si ese día era pronto, y tras esto me fui.

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