Las vacaciones de este año habían estado a punto de irse al garete. Nuestros mejores amigos habían decidido embarazarse y nos habían dejado solos en nuestros planes de navegar en un velero. No nos hacía mucha gracia, pero decidimos probar la aventura de alquilar un velero con gente desconocida. Así que allí estábamos, en la Grecia clásica con nuestras maletas llenas de ilusiones. Por delante una semana navegando por las azules aguas de las islas Cícladas. Nuestros acompañantes eran dos amigas y un chico. Afortunadamente para nosotros, nos tocó de entrada el mejor camarote: el de proa. No empezaba mal el viaje.
Enseguida pusimos rumbo a nuestro destino. Las primeras horas fueron de toma de contacto con charlas relajadas tomando el sol. Todos estábamos muy cortados y nadie se atrevía a enseñar nada más que estéticamente correcto. El único que se salía de la norma era el patrón que por la mañana nos deleitó con un chapuzón completamente desnudo. A mi mujer y a mí nos gusta tomar el sol y bañarnos desnudos. De hecho, siempre que podemos vamos a playas nudistas. Pero tampoco queremos sorpresas. Alguna vez nos han llamado la atención por creer que todo el mundo acepta el nudismo como algo natural. Por eso no nos decidimos a quitarnos los bañadores.
De todas formas, cuando estuvimos juntos decidimos ir a una playa cercana al barco que detrás de unas rocas y que nos permitiría poder estar a nuestras anchas. Así que cogimos las aletas y nos pusimos a nada hacia la playa. En cuanto llegamos, nos quitamos el bañador y el bikini y nos pusimos a jugar e el agua. Con el roce a mí se me puso enseguida como un tronco y mi chica no dudó en empezar a jugar con mi polla con la mano. Al mismo tiempo abrió sus piernas para que empezara a acariciar su sexo. También estaba húmeda. Estábamos en pleno frenesí cuando en seguida oímos el motor de una embarcación. Volvimos la vista y para nuestra sorpresa vimos al patrón con una de las chicas en la embarcación del velero. Fue como un jarro de agua fría. Encima yo estaba empalmado como nunca. Y no podíamos hacer nada porque nuestras ropas estaban en la playa. Así que lo único que se nos ocurrió fue esperar a que bajara el calentón y salir a coger las ropas.
Cuando nos decidimos a salir, vimos que el patrón estaba también completamente desnudo. La chica en cambio mantenía la parte de debajo de su bikini. Por lo menos así no era tan chocante. Ella se nos acercó según nos salimos a la orilla. No estaba nada mal: tetas pequeñas y pezones duros como botones. “Os hemos traído las tollas para que os tumbéis”, dijo mientras observaba de reojo mi polla roja y añadió. “Lo siento, no queríamos molestar”. “No importa” - dijimos con un poco de frialdad. Cuando se volvió para su trozo de playa, ocurrió lo inesperado: se quitó el tanga y dejó ver un culo pequeño y prieto. Al mismo tiempo, se dio un poco la vuelta y pude ver que apenas tenía un hilo de pelo que cubría la parte baja de su vientre. Yo estaba tan embobado que mi chica me tuvo que chasquear los dedos por delante de los ojos.
El caso es que nos alejamos y nos tumbamos en las toallas. Para intentar calmar mi mosqueo, yo me tumbé boca abajo e intenté calmar a mí enfadado pene. Al rato, mi mujer me tocó. Yo había quedado dormido y no sabía qué pasaba. “Mira, mira” me dijo. Cuando levanté la vista apenas, pude creer lo que veía. La chica y el patrón se estaban empezando a toquetear si ningún pudor en plena playa. Ella le cogía el fuerte pollón con su mano y él estaba tocando su coño con un ardor fuera de la común. Con una mirada de complicidad. Mi chica me empezó a tocar el pene y yo hice lo mismo con sus pechos. En seguida empezamos a acompañar los gemidos de nuestros compañeros de playa con nuestros jadeos. Esto me animó y empecé a chupar los pezones duros de las tetas de mi mujer. De reojo pude ver al patrón haciendo un 69 en plena playa. El le comía el coño y ella le cogía el miembro y se lo introducía en la boca con pasión loca.
En pleno frenesí, mi mujer se levantó y se puso encima de mí. No me lo podía creer. ¡Íbamos a follar en plana naturaleza¡. Nuestros amigos también hicieron lo propio y él empezó a penetrar a la muchacha por detrás al mejor estilo perro. Parecía que estábamos en una competición de sexo en la que cada una de las parejas intentaba poner a la otra más cachonda. Como si mi mujer leyera mi pensamiento, se puso de cuclillas y empezó a subir y a bajar insertando lentamente mi pene en todo su coño. Yo agarraba sus pezones una mano y con la otra acariciaba su vagina. Estaba a cien!. Casi al instante noté como mi chica se corría con un gemido que nunca antes le había oído. Yo mismo no tardé en acompañarla.
Por su parte, nuestros compañeros de fatigas seguían con sus movimientos. Ahora era ella quien llevaba la polla hacia su culo con decisión y deseo. Al principio le costó un poco pero después pudimos ver un auténtico espectáculo de sexo anal que nos hizo mirarnos con asombro. Aquello nos era un culo: era un túnel por donde entraba y salía el miembro del patrón.
Al cabo de un rato de trasiego, pudimos oír los primeros indicios de orgasmo. Pero solo fue un momento porque duraron varios minutos más. Desde luego, ellos fueron los ganadores del oro, la plata y el bronce de los juegos olímpicos del sexo.