Somos amigos hace un año y este es el segundo relato que publicamos en esta página. Para acordaros, él es un español de 50 años y yo una sudamericana de 25 años. Nuestro contacto siempre fue por Internet, pero tenemos una atracción muy grande el uno por el otro. El relato de hoy, ocurrió en nuestro mundo imaginario y el escenario fue su casa.
Mientras tomaba un vaso de vino tinto sentado en su sillón, yo me puse delante de él y empecé a hacerme un strip-tease. A él le encanta cuando le preparo alguna sorpresa. Cada pieza de ropa que me quitaba, sentía en sus ojos el deseo de poseerme. Verlo tocando su polla por encima del pantalón me puso a mil... Comencé a acariciarme los pechos y pellizcarme los pezones al mismo tiempo que me acercaba a él contoneando mis caderas de forma muy sensual. Al llegar a su altura me di la vuelta y me doblé por la cintura mostrándole mi bonito culo casi a la altura de su cara. Apartó el hilito de mi tanga y comenzó a acariciar con sus dedos mi coñito hasta que los introdujo muy dentro y comenzó un mete saca que me excitaba aún mas. Entonces, sólo en tanguita, me dí la vuelta y me senté en sus piernas mientras el chupaba sus dedos llenos de mis jugos. Metí mis dedos en su vaso de vino y los lamí con la cara más cachonda que pude poner nunca.
Él no aguantó más y empezó a besarme, lamerme, chuparme... Pasaba sus manos por todos los rincones de mi cuerpo, su lengua bajaba por mi cuello hasta mis pechos. Mamaba mis pezones como si fuese un niño... los mordía, los lamía, los pellizcaba... mmmmm… como me excitaba sentir su boca en ellos. Me tumbó boca arriba y siguió bajando por mi vientre, donde se detuvo algún rato jugando con mi ombligo. Metía su lengua muy adentro, como si quisiese penetrarlo con ella. Una de sus manos entretanto estaba acariciando mi clítoris haciendo círculos sobre él. Sentía mi cuerpo estremecerse cada vez mas excitada. Pero yo quería verlo comiendo mi coño, que ya estaba completamente húmedo... Siguió bajando hasta que llegó a mi coñito calentito. Lo dio una lamida que vino del culito hasta el clítoris. Me estremecí otra vez de tan bien como lo hacía, jugaba con mi clítoris, lo mordía, lo chupaba. Besaba los labios de mi coño como si fuesen los de mi boca. Yo quería mas, mas, mucho mas. Quería que metiese su lengua en mi coño, quería correrme en su boca.
Entonces empezó meter su dedo en mi coño, mientras jugaba con mi clítoris. Mi respiración entrecortada lo excitaba mucho y tuvo que quitarse el pantalón, sino iba a reventar. Su polla estaba tiesa, dura, gorda, deliciosa. Pero yo no la quería todavía... quería que siguiese comiéndome el coño... quería gozar en su boca. Siguió comiéndome el coño, pero mientras lo hacía, empezó a meter su dedo en mi ano. Nunca había hecho eso antes y sólo aumentó mi excitación. Empezó a meterme el dedo en el coño y luego en el ano una y otra vez. No pude aguantar más y me corrí como nunca lo había hecho. Él lamió todos mis jugos y siguió metiéndome el dedo en mi culito que ya no ofrecía ninguna resistencia. Entonces me puso a cuatro patas y empezó a lamerme por detrás. Metía su lengua en mi agujerito mmmmm… qué delicia! De repente cogió su polla y puso el capullo en la entrada del agujerito. Aunque nunca me habían follado así, quería sentirla toda dentro de mí. Entonces le pedí: “Métemela”. Él sin pensar mucho empezó a meterme su polla maravillosa. Primero empujó suavemente su capullo hasta meterlo dentro y continuó bombeando y cada vez metía un poco más. Sentía un dolor, pero un dolor placentero. “No pares, no pares”, le pedía. Y él siguió con sus envestidas cada vez más fuertes. A cada envestida yo gemía más alto. Mis gemidos le ponían mas excitado. No aguanté más y me corrí otra vez, luego entre gemidos de placer entrecortados sentí como su polla se estremecía dentro de mí y como su leche caliente invadía mi culito. El también se corrió de una forma salvaje. Nos quedamos un rato descansando, estábamos exhaustos pero muy felices con lo que nos acabara de acontecer.