Caminan con prisa, la acera saturada de peatones obliga recorrerla en zig zag, son casi diez de la noche y quieren ingresar antes del inicio a la función nocturna del cine “El Pacifico”, conforme se acercan pueden intercambiar furtivas miradas con algunos personajes que cada noche frecuentan la avenida Diagonal, acostumbran instalarse ahí prostitutas, rosquetes, fletes, mostaceros y lesbianas, surgen o se marchan en diferentes horarios, organizados de acuerdo a sus hábitos. Desde las ocho de la noche hasta la madrugada cualquiera puede relacionarse con estos noctámbulos protagonistas del distrito de Miraflores, antes de medianoche predominan los maricones, reunidos en pequeños grupos de tres o cuatro individuos se exhiben y ofrecen su oficio, la mayoría son discretos pero de vez en cuando asoman algunos bastante amanerados, dicen que estos son quienes malogran el negocio y estimulan la represión municipal.
A pesar del apuro la pareja se da tiempo para ofrecer miradas o sonrisas, Vanesa queda impresionada con uno en especial, le concede un delicado mohín con gesto picante mordiendo sus labios, el muchacho es alto, blanco, vivaz, sumamente musculoso, sus fornidos brazos con encrespados vellos hacen presumir un torso piloso, tiene un rostro agradable, hasta cierto punto varonil, viste un jean desteñido, polo corto y zapatillas, sus espléndidos músculos abdominales se lucen al tener el vientre a la vista, lleva una larga melena lacia que está exquisitamente ordenada en una extensa cola de caballo, para Ricardo también es un bombón, su potito parado y vientre vigoroso le parece muy provocativo. Con una pícara sonrisa el chico devuelve la insinuación de Vanesa, sus rostros quedan mutuamente atrapados, aún después de cruzarse, ella siente interés, desea poseer a este muchacho y lo comenta con su marido, Ricardo subraya la condición homosexual del joven pero ella replica ser capaz de despertar fácilmente sus instintos masculinos, en ese momento llegan al cine dejando inconclusa la conversación.
Ricardo y Vanesa son una pareja de esposos libertinos, siempre escogen un día de cada mes para divertirse, le llaman noche libre, su prioridad es complacerse, pasarla bien, en la medida de lo posible encontrar alguien dispuesto para hacer un trío o conectar alguna pareja buscando un intercambio sexual, mas de año y medio que practican este ritual, han sostenido alrededor de quince diferentes experiencias logrando todo tipo de tratos, las atinadas acciones que tuvieron con sus ocasionales acompañantes han sido consagradas con vivencias inolvidables. Las pautas de la noche libre son simples, elaboran un programa para los dos que incluye espectáculo, comida y tragos, en el transcurso del periplo se busca el contacto, quien logre atraer y convencer al candidato o pareja es el que rige la noche, el que dispone u orienta el curso de la diversión, por lo general es Vanesa quien gana, utiliza con habilidad sus atributos para lograrlo, siempre le funciona y esta noche desea repetirlo, para eso compró una minifalda ceñida a su cuerpo, luce su hermoso trasero y muestra todo el largo de sus estilizados muslos, sus piernas se distinguen con esa minifalda que apenas cubre su culo, arriba lleva puesta una blusa de algodón blanco amarrada bajo sus senos, la cintura y brazos están expuestos, en ellos brilla una tersa piel bronceada, la frondosa cabellera pelirroja que estos días exhibe resalta su hermoso rostro y vigoriza la exquisita sensualidad que transmite, es una irresistible hembra que hace voltear transeúntes o detener vehículos, hombres e incluso mujeres que se cruzan con ella voltean, le silban, sonríen o dicen piropos, hasta la abordan para entablar conversación, Ricardo disfruta esas circunstancias, le ha permitido conocer espléndidas mujeres así como tener relaciones con algunas de ellas, Vanesa es una mujer que alimenta su ego, el interés de otros por su mujer junto a la complicidad que tienen para aprovechar esa circunstancia le satisface plenamente, es que bordear los cincuenta años de edad, llevar algunos kilos extras sobre su peso regular y soportar una acelerada perdida de cabello entorpece sus afanes seductores, Vanesa es su arma secreta, él prefiere dejar en manos de ella la búsqueda de probables contactos.
Al finalizar la película convienen en tomar unos tragos en la calle de las Pizzas, toman asiento en el “Rosalino”, piden antipasto y tragos, se ubican en una mesa dispuesta sobre la vereda, la finalidad es mantener contacto visual con las personas que circulan, es sabido que en esa arteria muchos jóvenes de ambos sexos pasean buscando diversión, Ricardo pide un Pisco sour y una piña colada, este exótico cocktail le fascina a su mujer, ella puede tomar varios sin dificultad, hasta embriagarse sin perder su innata alegría, al terminar el segundo vaso Ricardo se dirige al baño, Vanesa queda sentada sola, mientras observa la calle, está con la vista perdida en un horizonte imaginario recordando con resignación al muchacho con el que cruzó miradas antes de la función, no se ha dado cuenta que el chico aludido está a su costado y trata de saludarla, es necesario tocarle el hombro para sacarla del trance que la absorbe, al encontrarse cara a cara con el hombre que tenia en sus pensamientos se sorprende de tal manera que lanza un chillido nervioso, en una fracción de segundo el susto se convierte en sorpresa y termina como emoción, esboza una laxada sonrisa e invita a sentarse al muchacho, consciente que en cualquier momento regresa su marido se apresura en hablar, negociar y convencer al joven de sus intenciones, tanto las propias como las de pareja, el chico plantea su tarifa y ella acepta, aunque ellos no acostumbran pagar por placer, en esta oportunidad prevaleció su antojo, luego de ponerse de acuerdo se presentan e intercambian nombres, Bruno se llama, aduce ser bi y capaz de atender sus requerimientos, ella expresa satisfacción e imprime un sonoro beso en la mejilla del muchacho, cuando regresa del baño Ricardo se sorprende al encontrar sentado en su mesa al chico que Vanesa ansiaba y se asombra aún mas al conocer que acepta el trato.
Se dirigen a un departamento en la calle Alcanfores, a pocas cuadras, van a pie conversando, Vanesa toma con su brazo el del muchacho, busca engreírse, quiere captar su atención, Ricardo sonríe y acepta el comportamiento de su mujer, la conoce bien y sabe que necesita ser el centro de atención, ser cuidada y consentida, es parte de su personalidad, además debe aceptar que dentro de las reglas del juego ella asume en esa noche el rol de regente. Ricardo y Bruno conversan mientras caminan, el dialogo es ameno, ríen e intercambian halagos mientras Vanesa, en medio de los dos y algo mareada camina ensimismada, casi sin escuchar pero con una sonrisa dibujada en su rostro, sabe que una vez mas logró su capricho. Bruno a su vez demuestra interés por el esposo, en la conversación se hace evidente, a Ricardo le agrada aunque el descaro del rosquete le incomoda algo.
Al ingresar al departamento Vanesa pide el baño, de inmediato se dirige hacia el dormitorio como le indica el maricón, entretanto este aprovecha para invitarle un trago a Ricardo, al hacerlo se acerca con movimientos suaves, lo roza con su mano sobre la ropa y coge suavemente el pene, al percibir la tolerancia del hombre le da la espalda y moviendo la cadera acerca su culo hacia él, con una amplia sonrisa acompañada de sugerentes muecas le da a entender su interés en ser penetrado, Ricardo aprovecha para rodear la cintura de Bruno, una palma abierta sobre el vientre mientras su otra mano coge la cadera, aprieta y lo acerca, por la espalda sus labios rozan la oreja de Bruno, le habla con sutileza, conforme lo hace el chico empieza a derretirse de placer y lo exterioriza con un prolongado suspiro, Ricardo le susurra, “primero debes atender a Vanesa, después estaré a tu entera disposición”, el maricón entiende, humedece sus labios, besa los de Ricardo, lo toma de la mano y juntos se dirigen al dormitorio.
Vanesa se dio un baño, quiso despabilarse, sacarse la borrachera y aliviar el calor que siente, sale completamente desnuda, nada cubre su cuerpo, con singular coquetería se muestra a los dos presentes, la armonía corporal que exhibe es indiscutible, la estética orgánica que le acompaña durante cuarenta años está a la vista, destacan unos hermosos pechos, turgentes y grandes como melones, cabello suelto que cubre toda su espalda, llega hasta la cintura, sus esbeltas piernas y rostro alargado estilizan su figura, además posee una pícara mirada que despierta la lujuria de ambos, la observan en silencio, esta mujer es excitante, Ricardo esta orgulloso de ella, es mas bien Bruno quién se muestra nervioso, sorprendido por la belleza de esta hembra, tiene una envidiable figura, derrocha vitalidad y exuda sensualidad. Vanesa observa ansiosa a estos dos machos, desea acostarse con ambos y así lo da a entender, Bruno debe proceder como varón y sonríe inquieto, hace saber su intención de portarse como un verdadero macho, refiere que una mujer como Vanesa merece un trato distinguido, ella agradece el cumplido en forma delicada con una deferencia oriental, entonces añade el joven que desea bañarse, acostumbra atender a sus clientes limpio y perfumado, que siempre brinda un servicio de calidad y que esta pareja conocerá sus exquisitos méritos profesionales, Ricardo le interrumpe para apurarlo requiriendo se dirija de inmediato al baño, cuando la pareja queda sola recorre el departamento para conocerlo, es pequeño, sobrio y de selecta decoración, toman asiento para esperar, Ricardo observa con detenimiento a su desnuda mujer, la admira y transmite lo que piensa, Vanesa se siente halagada y regala unas caricias a su marido, están contentos y expectantes por esta nueva aventura.
Al rato aparece Bruno con una pequeñísima toalla amarrada a la cintura, pone música lenta y sin hablar estira su mano derecha hacia Vanesa, la invita a bailar, ella mira a su marido, le hace una pícara mueca y voltea hacia el maricón, se levanta, camina hacia él y con sus brazos rodea su cuello, estar desnuda junto a este musculoso muchacho la excita, lo hecho por ella también estimula a Bruno, él con sus manos separa el cabello que cubre la espalda de esta excitante mujer y sigue la línea formada por la columna en toda la espalda, utilizando sus yemas baja hasta llegar a la bifurcación que origina las dos carnosas nalgas que ostenta esta hembra, sumerge y aflora de ellas su dedo mayor, cada vez que lo hace se divierte rozando el orificio del ano tratando de introducir su dedo, esto genera una sensación desconocida para Vanesa, su cuerpo se escarapela, le gusta y demuestra su aceptación con un tosco lenguazo en la mejilla de Bruno, mientras el dedo del maricón juega y anima a Vanesa, sus manos quedan tocándole las nalgas, retozando por un momento en ellas, abiertas cubren gran parte de su redondo y firme culo, ella siente y disfruta esas caricias, aprovecha para besuquearlo por el cuello, decirle al oído cuanto le gusta, lo que ella quiere hacerle o que le hagan, mientras platica baja sus manos, viene desde el cuello, se detienen en el pecho, con la punta de los dedos enrosca los ensortijados vellos del torso de Bruno, luego sigue bajando hasta llegar a la pétrea cintura del joven, retira la toalla con una mano, lo toma con fuerza, utiliza las yemas de sus pulgares para acariciarle el vientre, quiere palpar la fortaleza muscular del chico, jala para acercarlo hacia ella, también ansía rozar su vagina con el pene que ya observó con disimulo, nuevamente le expresa al oído en términos soeces sus deseos, así trata de excitarlo, termina cogiendo su miembro, quiere tocarlo, sentir en sus manos lo que pronto tendrá dentro de ella, lo hace suavemente con gracia y sutileza. Bruno aún no responde, tiene el pene algo fláccido y necesita ayuda, su experiencia en estos tramites le permiten resolver rápidamente su deficiencia, llama a Ricardo y le pide se ponga atrás de él, hurgue sus nalgas y juegue con el ano, así él podrá estimular su verga, Ricardo acepta y empieza un baile de tres, el rosquete al medio y la pareja a los lados, es gracioso y causa una sonrisa general que Ricardo aún esté completamente vestido, le piden se saque la ropa mientras los dos siguen bailando.
Bruno ha reaccionado con el estimulo de Ricardo, el pene se le puso duro y el arrebato o molestia que Vanesa empezaba a mostrar se diluye, sentir un pájaro duro como grande la relaja, va hacia la cama y llama al chico, este aprovecha el momento para soltar la extensa cola que tiene amarrada, agita su cabeza y aparece un individuo diferente, la cabellera suelta cubre sus orejas, la melena libre cae suavemente hacia los lados, con el pelo suelto se pronuncia la apariencia femenina del maricón pero junto a su recia contextura y pene armado crean una combinación andrógina que sorprende y excita a los esposos, ya echada en la cama ella insiste en llamarlo. Él, solícito se arrodilla a su costado, con sus manos toca con suavidad el cuerpo de Vanesa que ahora hierve de arrechura, recorre el pecho, vientre y muslos, juega con el ombligo y termina rascando suavemente los vellos de su vagina, ella sin hablar dirige su cara hacia al pene del maricón y lo engulle de un bocado, empieza una libidinosa mamada, Vanesa ha percibido la dificultad del chico en comportarse como hombre y quiere sacarlo del apuro, además de ser algo que disfruta en demasía piensa que una buena chupada debe excitarlo y dejar listo para la acción, ella se empeño en hacerlo con este joven y no quiere reproches cuando evalúe con su marido esta noche libre.
Escupe el pene para lubricarlo y se lo traga con fiereza quiere sentirlo en su garganta, empieza con una bravura que sorprende a los dos hombres, ella goza en extremo con este miembro, Ricardo ya desnudo se acerca al catre, el rosquete lo toma por el pene, lo atrae para hacer lo mismo que le están haciendo, Ricardo parado al borde de la cama observa con liviandad como su mujer lame, chupa, saborea el pene de Bruno, como va desde el escroto al glande, como lo repite una y otra vez, no se detiene, parece insaciable, el pene del maricón ya está totalmente duro pero empapado, la saliva de Vanesa cubre toda la zona genital, el miembro y el escroto están totalmente remojados, Ricardo en ese momento sigue parado al pie de la cama, Bruno aún está en posición de rodillas sobre el catre, le pide a Vanesa su consentimiento para atender a su marido, ella asiente por lo que el rosquete toma la verga de Ricardo e imita lo que Vanesa le hace, chupa el pene, lo moja, sube y baja, Bruno es un profesional que disfruta su labor, hacerlo imitando las acciones de Vanesa le dan un cariz teatral a la relación de este trío. Ricardo siente un placer indescriptible, la habilidad del maricón lo pone calentísimo, se excita tanto que el también quiere tener una activa participación, en voz alta sugiere reacomodarse en la cama, quiere atender a su mujer. Se reacomodan todos en la cama, así los tres participan, Bruno chupa la verga de Ricardo, este atiende a su mujer mientras ella se despacha con el pene del maricón, todos participan en forma activa y pasiva, doble placer individual de estos tres sujetos, dar y recibir a la vez. Ricardo goza mucho con la vagina de su mujer la mordisquea e introduce su lengua, busca el clítoris, avanza hasta el ano y lo remoja con la puntita de la lengua, luego regresa para reiniciar el proceso, el gozo es general, se quedan por unos minutos en esa posición, sobre la cama un triangulo de individuos disfrutan, suspiran y gozan, por momentos los gemidos y gritos armonizan y parece un coro sexual de este trío de arrechos, en otro momento cada quién por su lado emite sus ruidos, encima del desorden auditivo que invade el ambiente hay tres cuerpos que individualmente expresan sus sentimientos con soltura y plena libertad.
Unos minutos después, algo saturados de la posición y acción que cada uno desarrolla empieza a bajar la intensidad, Vanesa tiene otra iniciativa, se levanta y pide a Bruno se eche sobre el catre boca arriba, apenas lo hace en forma felina se monta e introduce el pene del chico en su vagina, empieza a cabalgar sobre él, con sus manos se apoya en el pecho del joven e inicia un vaiven copulatorio con ritmo y cadencia crecientes. Ricardo nuevamente esta de mirón, se acomoda sentado al borde de la cama y mientras observa toca las nalgas de su mujer acompañando los movimientos de esta sobre Bruno, conforme crece la faena el trato se hace mas brusco, cada vez es mayor el ritmo y calor sexual dentro del cuarto, el humor típico que segregan las personas mientras mantienen relaciones sexuales se apodera del ambiente, el aroma a sexo envuelve el dormitorio y estimula aún mas sus apetitos y acciones. Vanesa entonces apoya sus manos sobre el pecho de Bruno, se quiebra y le pide a su marido la penetre por el ano, su mirada ardiente y gestos lascivos estimulan a Ricardo hacerlo, aprovecha su posición y lubrica el ano cerradito de Vanesa con un dedo remojado en la boca de su mujer, se acomoda y pone la punta del pene en el ojete de ella, al sentir el glande en posición se riega espontánea y naturalmente su vagina y emite un suspiro de placer que llena la habitación, Bruno recibe, siente el liquido seminal de esta hembra, goza por la sensación aunque en su cerebro hay una confusión entre su opción sexual y el rol que ahora despliega. Ricardo aprovecha este momento de plena entrega general y la penetra con una arremetida brutal, el grito de dolor y placer que prorrumpe Vanesa es largo pero conforme suceden los segundos se suaviza y entra en placenteros gemidos rítmicos dobles, uno por cada pene dentro de ella. Es el principio de una larga noche con resultados impredecibles, de amplias sensaciones de placer, extremas acciones sin límite ni pudor, como anhelaban encontrar esta pareja de esposos libertinos.