Después de mi sorprendente experiencia erótica en un cine, volví a tener un encuentro con mis dos amigos. Esta vez mi marido se unió conmigo para disfrutar juntos en una maravillosa orgía. Quiero compartir con vosotros mi segundo encuentro con Jaime y Ernesto, mis dos apasionados amigos. Después de la sorprendente y excitante experiencia en el cine, le propuse a mi marido que me ayudara a realizar una fantasía sexual que me rondaba por la cabeza, deseaba que me viera en la cama haciéndomelo con mis amigos. Nunca me he considerado una mujer promiscua, pero sí que soy extremadamente erótica. Vivo intensamente mi sexualidad y eso pone a mi marido a cien. Me dijo que a él le encantaría follarme mientras acaricio a otro hombre, y claro, le dije que le complacería.
Pasaron un par de semanas antes de que recibiera en mi móvil la llamada de Jaime, es un tío que no se corta nada, después de cruzar unas frases de cortesía comenzamos a hablar de nuestro anterior encuentro. Me confesó que durante esas dos semanas de intervalo se había masturbado varias veces rememorando lo ocurrido. Me habló de la tersura de mis muslos, de la dureza de mis pezones, de la suavidad de mi vello púbico. , me sentí muy complacida por lo que oía y a la vez excitada, estoy segura de que si en ese momento hubiera estado sola me habría masturbado sin dudarlo. Pero..., no iba a hacerlo en medio de un centro comercial. Le propuse un próximo encuentro, y que esta vez acudiría con mi marido. A Jaime le pareció bien, pero puso una condición, él iría con Ernesto. Por supuesto que acepté, era lo que yo quería. Nos citamos en un pub para el sábado siguiente.
Llegó el día del encuentro, me vestí con mucho esmero. Elegí un ceñido vestido negro, anudado en la nuca, que dejaba la totalidad de mi espalda al descubierto. Debajo solo llevaba un pequeño tanga y unas medias de esas que se adaptan al muslo. Me maquillé algo mas de lo habitual y me recogí el pelo con un pasador. Nacho (mi marido) me dijo que estaba espectacular.
Cuando llegamos al pub, ya estaban allí mis dos amantes. Hice las presentaciones y al poco rato ya charlábamos los cuatro con total naturalidad. Después de tomar un par de copas, yo me sentí con unas inmensas ganas de que nos trasladáramos a un lugar más íntimo. Les miraba a los tres con deseo y ellos a mí. Nacho previamente había alquilado para el fin de semana un apartamento en una localidad muy cercana y propuso que nos fuéramos allí. Llegamos al nidito y, ya en el ascensor, besé a cada uno de ellos en los labios.
Mi marido, por la mañana había comprado algo de fruta, uvas, fresas y un jugoso melón, tambien unas botellas de cava, y lo había dejado allí, en el frigorífico. Me senté en el sofá, Jaime se colocó a mi lado, Ernesto salió a la terraza y me miraba desde allí. Nacho colocó la fruta en una bandeja y puso copas para todos, luego se sentó dejándome a mí en medio de los dos. Yo estaba loca por meterle mano a los tres, le ofrecí una fresa a Jaime, él la cogió con sus labios y la acercó a mi boca para que yo la mordiera, le quité la fruta y le besé buscando su lengua con la mía. Me acariciaba los pezones a traves de la tela, Nacho se acercó a mí y soltó la lazada de mi vestido, mis pechos quedaron al descubierto, me echó hacia detrás y quedé tendida en el sofá. Jaime pasaba su lengua por mis pezones y Nacho me besaba en la boca. Mi amigo tiró del vestido y lo arrojó sobre una silla. Cerré los ojos y escuché a Ernesto repetir con voz queda mi nombre una y otra vez, Isabel, Isabel, Isabel. Se acercó a nosotros, me tomó de la mano, quería verme de pie, los otros dos se apartaron y me levanté. Les pedí que se quitaran la ropa, mientras lo hacían no dejaban de mirarme. Solté mi melena y me acariciaba los pechos con una mano mientras me observaban. Me dirigí al dormitorio y me tendí en la cama, sin quitarme los zapatos de tacón que llevaba. Por descantado está decir que los tres me siguieron, me gustaba sentirme observada, separé un poco mis piernas y comencé a acariciar mi sexo.
El juego era muy excitante, yo me tocaba lanzando pequeños jadeos y veía la erección que producía en tres hombres al mismo tiempo. Le pedí a Ernesto que se acercara, quería su polla, la sentí en mis labios muy tersa, la introduje en mi boca y notaba la palpitación que le provocaba mi succión. Nacho separó mis piernas y comenzó a recorrer mi coño con su lengua como solo él sabe hacerme. Jaime se tendió a mi lado y pasaba su lengua por mis pezones que a esta altura estaban durísimos. Me sentí mas estimulada que nunca, cada roce, cada beso lo sentía con una especial sensibilidad. Ellos acercaron sus pollas a mi boca y yo pasaba de una a la otra con un deseo total. Las recorría con mi lengua, las metía en mi boca y las mordisqueaba suavemente. Los tres jadeaban de puro placer. Jaime me sacó el tanga y yo me dí la vuelta. Seguí comiéndome a Nacho y a Ernesto mientras Jaime introducía su lengua en mi vagina desde atrás, luego me penetró. Me apoyaba sobre los otros para no perder el equilibrio, mi amigo me follaba cada vez más rápido. Noté que estaba a punto de correrse y me giré, metí su polla en mi boca y él rápidamente se derramó en medio de un orgásmico grito. Su semen resbalaba entre mis labios y me besó, con su sabor en mi boca.
Me sentí lujuriosa y salvaje, me levanté de la cama y les pedí a los tres que me dieran más. Se acercaron a mí, separé mis piernas y Nacho bajó hasta mi sexo, separó los labios con una mano y con la otra acariciaba mi clítoris. Los otros besaban mi culo y mi espalda, me acariciaban los pechos. Luego, Nacho me cogió por las caderas yo enlacé mis piernas a su espalda y me penetró de esa manera. Los otros me sujetaban mientras animaban a mi marido a darme placer y a mí me decían lo afortunados que se sentían por la noche que les estaba brindando. Yo estaba llegando al punto máximo y sabía que mi marido tambien, el comenzó a follarme más rápido, más intensamente y nos corrimos los dos al mismo tiempo. El orgasmo fue maravilloso.
Me sentía un poco cansada y me apetecía darme una ducha, cogí mi neceser y me dirigí al baño. Ellos se fueron al salón a tomar una copa. Dejé correr el agua para que alcanzara una temperatura ideal y me disponía a sacar el gel y la hidratante corporal cuando abrieron la puerta, era Ernesto. Me dijo: -Isabel quiero verte mientras el agua recorre tu cuerpo-. Me senté en un taburete para sacarme los zapatos y las medias, él se arrodilló frente a mí y le dejé hacer. Me quitó los zapatos y muy despacio fue enrrollando las medias hasta sacármelas. Me confesó que se había corrido dos veces a lo largo de la noche y que era algo fetichista. Los pies de las mujeres le encantaban, acercó mi pié izquierdo hasta su boca y comenzó a chuparme los dedos, era una sensación fantástica. Yo no me corté, y con el derecho acariciaba su sexo, que se ponía cada vez mas duro. Le propuse ducharnos juntos, entramos a la bañera. El agua nos caía a los dos por encima, me besó y se pegó a mi cuerpo, la erección que tenía era total. Puso un chorro de gel en mi mano y otro en la suya, nos dábamos jabón por todo el cuerpo uno al otro. Movía su mano entre mis piernas con total descaro, me encantaba. Me pidió que separara un poco las piernas y comenzó a deslizar un dedo entre mis nalgas hasta llegar al ano, suavemente introdujo su dedo mientras con la otra mano pellizcaba mis pezones, la posición era un poco incómoda pero la sensación era maravillosa. Le dije que quería hacerle lo mismo y sonrió complacido. Me coloqué a su espalda, cogí un poco mas de gel y busqué el orificio de su ano. Metí mi dedo índice dentro, mientras me agarraba a su cuerpo con la otra mano. Ernesto me decía que moviera mi dedo, le gustaba sentirse follado.
Nunca lo había hecho de esa manera, estaba tan excitada que clavaba mis uñas en su costado. Estuvimos a punto de resbalar, pero no podíamos parar, salimos de la ducha aún llenos de espuma. Ernesto se tendió en el suelo, me acoplé encima de su sexo. Yo le cabalgaba rabiosamente, no podía ni quería parar. Vi a Jaime y a Nacho que nos miraban desde la puerta, habían oído nuestros gritos de placer y querían ver como follabamos. Ernesto me empujó suavemente hacia detrás, ahora era yo la que estaba tendida en el suelo. Se colocó entre mis piernas y me penetró, tenía mis caderas cogidas con sus manos. Contraje los músculos de mi pelvis, fue brutal, mi cuerpo se arqueaba y se elevaba. Me corrí mientras gritaba y jadeaba, Ernesto se corrió encima de mis pechos. Notaba el frío suelo en mi espalda y el cálido semen sobre mis pezones.
Más tarde, tomamos una última copa de cava y brindamos entre risas por el placer compartido.
Hace unos meses que no les veo, nos llamamos por teléfono de vez en cuando. Es una lástima que por motivos de trabajo nos hayamos tenido que mudar de localidad, pero la experiencia vivida no me la quita nadie. Y... ¿quién sabe?, el mundo está lleno de gente que seguro que pueden satisfacer mis gustos sexuales.
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