Relatos Eroticos Gratis

Noche de venganza

Por Anónimo (Heterosexual) 2911 lecuras

Quiero contarlo hoy, que sé que ya ha pasado y esta olvidado, pero la verdad es que no puedo evitar que me suba un poco la fiebre y me siento levemente excitado al hacerlo. Ella era compañera mía de curso en la universidad. No íbamos a las mismas clases pero los amigos la apodamos “el cuerpo”, creo que con eso lo digo todo. Podría describirla, o intentarlo: era morena, alta, no delgada, sino más bien voluptuosa, muy sensual y sobre todo (esto lo supe después) fría y viciosa como una gata salvaje. La típica tía imposible, vamos. Sí, es verdad, que más de una vez me había masturbado pensando en ella, con cierta resignación. Mira tú por donde, en cuarto curso, la tía empezó a hablarme, bastante maja en las clases y por los pasillos, yo flipaba, y algún colega mío también; hasta tal punto fue agradable, que yo me decidí a hacer algo el día que tuviera una oportunidad. Y así fue.

Nos liamos un sábado, yo quería follármela, claro, y pese a ser nuestra primera noche pues se lo dije... Ella me dijo que era virgen, pero sin fe. Bueno, para que engañarnos, yo estaba enamorado de ella y tuvimos una relación caótica durante meses, con mentiras como esta primera y muchas otras, que obvio por no aburrir y porque lo que cuento aquí es mi experiencia sexual con ella y no otra cosa. Finalmente, cuando iba a matarla (o a matarme yo!!!), me decidí a plantearle el asunto claramente, vamos tía, le dije, me has jodido bien, pero no seamos negativos, vamos a follar como animales le dije, esta noche al menos dámela, ya que me has mentido y jodido tantas veces desde que te conozco, deja que te folle bien, y ella estuvo de acuerdo.

Fue una velada un poco pasmante, falsamente romántica (y eso me encantó); cenamos en un garitillo perdido en el centro de la ciudad. Durante la cena nos besábamos con ternura, como si estuviéramos casados o algo así, pero a la vez nos metíamos mano, por vocación mía, claro, por todos sitios, por debajo y por encima de la mesa. Ella me ponía su pie en el paquete, que me pegaba saltos de alegría, también a mi se me debió caer el tenedor dos o tres veces, cada vez que eso ocurría yo mordisqueaba sus pies y sus muslos y acariciaba su vientre por encima del slip mínimo, rojo. Quería quitárselo y comérmela ahí mismo, tanta cena y tanta polla. Ella gemía débilmente y me susurraba cosas, que nunca había tenido un amante tan tierno y paridas así, el caso es que se me ponía tan dura que creía que me iba a explotar, y eso solo fue al principio... Después nos fuimos a tomar una copa, ella necesitaba animarse antes de hacerlo. Bebimos vino, dos o tres botellas, hablando solamente, porque en los bares se enrolla todo el mundo y no nos daba morbo.

Ella fue al baño, así que me bajé, esperé a que saliera, y cuando lo hizo la agarré por la cintura, la empotré contra la pared y me tiré a su cuello y su coño, aquello le encantó, casi la violó allí mismo, y entonces ella gemía. Quería que la levantara en volandas. Por fin, la cosa se enfrió, decidió que ya valía, vamos a este motelito de la esquina me dijo, yo la seguí como un perro hambriento y salvaje, ya en el ascensor hasta la habitación le había quitado las bragas. Abrí la puerta y cuando ella iba a entrar la cogí en brazos, entré en la habitación y la arrojé a la cama descuidadamente, un poco hasta los cojones de tanto besito y tanto amor cuando yo estaba más furioso que un tigre, ella me había engañado dos veces, en fin, perdonadme, sigo. Ella comenzó a retorcerse en la cama, quitándose los zapatos. Yo me arranqué la camisa y los pantalones y me fui sobre ella, le quité el top y la falda a lo bestia, mientras me apretaba como un loco contra su sujetador rojo y ese coño, qué grande y húmedo, mientras esas tetas maravillosas de pezones mínimos que parecían salidas de un sueño se endurecían contra mi pecho. Y yo la volteé, la puse debajo de mí, y ella se me quedó mirando fijo, a los ojos. Entonces yo, hasta los putos huevos de toda nuestra mierda de relación y de sus sordos desafíos, le solté una bofetada, y ella se volvió loca. Comencé a comerle el coño pero no solo lamiéndolo sino mordisqueándoselo, vas a ser mi puta esta noche, le dije, bramando, me incorporé y le di otra bofetada, que le arrancó un gemido de gata herida.

Me bajé para seguir comiéndole ese coñito maravilloso, le metí un dedo mientras se lo besaba, y luego dos, y luego tres, creo que podía haberle metido el puño entero, ella gemía tanto, creo que se corrió aunque no me dijo nada, y eso la enfureció, yo la llamaba puta y de todo, se bajó hasta mí y me dio la vuelta en la cama, yo me dejé manejar, y ella se crecía con cada concesión de terreno que yo le hacía, hasta que me montó, cogió mi polla absolutamente estratosférica en ese momento, me la encondonó (la muy zorra) y se la metió entera y verdadera, hasta el fondo. Comenzó a follarme como una bestia, yo respondía con todo lo que tenía, que era mucho, leche como para llenar un camión cisterna, le dije, y toda para ti coñito toda para ti mi puta, esto mientras me agarraba a sus arrogantes pechos como a un salvavidas, ella no hablaba, solo gemía sin parar con la voz rota, dando saltitos y retorciéndose para que la sintiera por todos sitios y me corriera, a mi esto me ponía a 7000 putos grados centígrados, era salvaje, parecíamos monos. Cambiamos de posición, porque los dos estábamos cansándonos de esa, me senté sobre la cama y la empecé a follar como a ella le gustaba, ella sobre mi vientre, en equilibrio, moviéndose como si hubiera nacido para ello, yo ya no podía más, me voy a correr le dije, no te corras aún, me dijo, levántame y fóllame contra la pared. Así lo hice, pero al décimo puntazo me vine del todo, dentro de ella... Por una vez, ella comprendió algo, y se arrodilló mientras yo me tumbaba exhausto.

Empezó a hacerme la mamada de mi vida, limpiándome entero el glande, me dejó descansar un poco y después a chupar y a chupar, a mirarme absolutamente viciosa y disfrutando de mi excitación y mi pasión, yo le acariciaba el pelo y le dije varias veces que la quería, en fin tan emotivo me puse que ahora hasta me da vergüenza. Ponte a cuatro patas, le dije, ella no quería, no le gustaba que la encularan, un novio torpe supongo, pero yo le di una bofetada, ponte a cuatro patas puta, no quería correrme en su boca sino en su culito, y ella al final se puso. Yo le chupé el agujerito salvajemente, y cuando estaba bien dilatada me fui metiendo despacio, ella soltó un gritito largo y sostenido, hasta que se la metí entera y la empalé bien empalada. Al hacerlo no sentí placer físico, me encantaba darle por detrás a esa zorra que me había hecho tanto daño. Ella se dio cuenta y quiso protestar pero era tarde, la tenía paralizada y enculada, le empecé a dar fuerte, y más fuerte, quería romperle el culo y me apliqué, volví a sobarle la tetas pero esta vez como a una auténtica guarra, ella estaba a la vez asustada y excitadísima al mismo tiempo de mi actitud, me lo dijo varias veces, me haces daño, pero yo seguí así hasta correrme y ella me dejó hacerlo sin protestar, al final le gustó mucho, gemía entrecortadamente y yo me fui entero y bien despacio, recreándome.

Al final nos tumbamos abrazados y sudorosos, yo sentía una paz increíble combinada con cierto sentido de culpa, ella me dejó que la abrazara y así estuvimos un buen rato, callados, pero yo volví a ponerme duro y la intenté masturbar, ella no quería al principio, pero ante mi insistencia, se fue dejando, y yo lo hice, dulcemente, para que me perdonara lo bruto que había sido esa noche, para que me quisiera, “no sé que me estás haciendo pero sigue”, me dijo. Nos besamos mucho y muy bien, lengüetazas preciosos, mientras yo le hacía el mejor dedo que le habían hecho en su vida, ella me masturbaba también. Y ella se reía al sentir mi polla contra su culo, me dijo mientras me la meneaba que si me iba a correr fuera como un maricón, pero yo le dije que no quería condones esa vez. Y me la volví a follar, esta vez sintiéndola bien, yo encima, muy despacito, ella me mordió varias veces y me dijo que me quería mucho. Cuando terminé, ella se vistió y se marchó. Creo que la hice sentirse como un objeto esa noche, pero joder, se lo merecía. Además, mientras cerraba la puerta, me sentí mal, sentí que esa noche no había ganado, pese a todo, porque esa persona se había llevado mi corazón cuando salió de ese cuarto y todavía no lo he recuperado, hay que joderse, en fin.

Top Sexo Gratis

Contactos GraTIs