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Principios religiosos

Por Anónimo (Heterosexual) 2195 lecuras

Siempre había tenido mis convicciones religiosas bien claras. Por ello no me parecía bien tener relaciones sexuales antes del matrimonio. Una de mis novias incluso me dejó por lo mismo. Si le permití enseñárselo al cabo de algunas semanas, incluso que me la mamara pero me rehusaba a penetrarla por estas convicciones de las que hablo.

La otra novia toleraba mejor estos principios religiosos e incluso se mostraba hasta contenta porque decía que a diferencia de su novio anterior que deseaba penetrarla luego, luego, yo me dedicaba más a ella, besándole de arriba a bajo todo su cuerpo e incluso pasándome largos minutos con mi boca y lengua en su sexo. Cuando ella me quería complacer la dejaba sin peso de conciencia pues ningún embarazo se ha producido vez alguna por venirse en la boca o cara de la novia. En la Iglesia, a la cual mis padres pertenecían y yo ayudaba al término de los servicios religiosos, gozaba de gran popularidad. El Padre M. decía incluso que jóvenes cristianos como yo eran hoy en día muy difíciles de encontrar. Debo reconocer, sin embargo, que tentaciones no faltaban sobre todo entre las propias hijas de los parroquianos, pero no era enteramente mi culpa.

Muy aficionado a todos los deportes, siempre me he conservado en muy buen estado físico. Por otro lado, mi aspecto algo gabacho, alto de estatura y de pelo rubio-castaño, a pesar que mis padres son y se ven bien latinos, siempre destaca aquí en San Antonio donde el promedio es mas bien bajo y medio mestizo. En resumen a pesar que oportunidades no me faltaban, siempre me detenía al llegar a aquel punto para evitar quebrar el principio mencionado.

Sucedió que un tío me consiguió un trabajo de desmalezar un jardín en una residencia bastante lujosa en la ciudad vecina de Santo Domingo. Se trataba en realidad de una casona ubicada cerca de la playa y cuya dueña era una viuda, ya entrada en los cuarenta. Me explicó que su marido, un corredor de propiedades, había muerto de manera repentina y que era él realmente el dedicado a supervisar el mantenimiento de la yarda. Que el nuevo jardinero se haría cargo una vez desmalezado el césped. Durante el día mientras trabajaba bajo un sol ardiente de verano pensando como emplearía el dinero ganado, me percaté varias veces que la viuda me observaba desde una especie de altillo. Por considerarla algo mayor y recién enviudada me imaginé que sólo estaba supervisando mi trabajo. Al terminar la faena y mientras me bañaba en el jardín con una manguera se acercó para decirme que quedaría más aseado tomando una ducha adentro, pero al querer entrar a la casa me indicó que me sacara los shorts ya que estaban muy llenos de tierra. No me pareció raro porque además estaban goteando y yo se como se resiente la madera con el agua. Me indicó que el baño estaba en el piso superior a la derecha y que sí podía usar sus toallas una vez sin tierra.

Al notar mi vacilación, me dijo que a pesar que conocía de anatomía masculina por haber estado algún tiempo casada, se voltearía para que yo me sintiera más cómodo. Al recorrer el pasillo ya sin nada encima y llegar a las escaleras observé que no sólo había pasado ya un baño en la planta baja sino que la viuda se había vuelto de frente y me miraba toda risueña mientras yo subía las gradas. Al salir de la ducha recordé que sólo había traído esos shorts tierrosos dejados cerca de la entrada, pero al parecer la viuda ya había adivinado mi pensamiento porque a través de la puerta que yo había cerrado con pestillo, me indicó que me podía regalar fina ropa interior y uno de los ternos de su finado marido de alta confección italiana. Salí sólo con una toalla en la cintura y el traje que me enseñó si era de buena calidad incluso con colleras doradas en las mangas.

Como soy muy honesto le sugerí que me lo diera a cambio del dinero del día, ya que también incluían uno par de zapatos de mocasín, casi de mi número y muy bien lustrados. Ella me contestó que el dinero lo tenía bien ganado, que no me preocupara pero que si la podía complacer, si no me sentía muy incómodo, haciendo algunas flexiones para ella ya apreciaba muchachos con buen físico. Me pareció una contradicción después de haber tomado recién una ducha y sin haber comido comenzar a sudar otra vez haciendo flexiones boca abajo y desnudo en su terraza. Mas aún cuando me pidió que hiciera otras diez, esta vez separando bien las piernas y sin vergüenza porque como ya me habia dicho, conocía bien de anatomía masculina. Las acabé bien rápido contándolas pero al ponerme de pié, me rogó que antes de vestirme si podía saltar cerrando brazos y piernas al mismo tiempo y al sonido de sus manos. Le dije que sería la última serie de ejercicios que haría para ella ya que estaba realmente cansado por el trabajo del día y me quería retirar. Mientras saltaba, cerrando y abriendo brazos y piernas al ritmo de sus palmas, mi órgano obviamente todo suelto bailaba también al compás de mis subidas y bajadas lo que a la viuda le causaba mucha gracia.

Ya sintiéndome bastante humillado y molesto por su risa me atreví a decirle que si le parecía todo esto tan gracioso que cambiáramos los papeles y que esta vez fuera yo el espectador. Para mi sorpresa comenzó a desnudarse en el acto, sacándose rápidamente la blusa para mostrar dos melocotones que aunque no tan duros como los de mi novia, si eran de mayor tamaño que los de ella. La falda y unos calzones rozados bien sexy se los saco de espalda. Sus nalgas, aunque bien blancas por no estar bronceadas como el resto, si estaban muy bien formadas e incluso por comparación hasta superiores a las de Ch. Riéndose me dijo que ahora estábamos en igualdad y acercándose bien hacia mí, todavía de espalda y sin voltearse se agachó separando sus piernas al punto de no dejar ningún secreto en esa deliciosa área que yo no pudiera admirar. Al verle por detrás esos exquisitos labios semiabiertos cubiertos con pelo castaño como el de su cabeza, y todavía agregando que haría lo que yo quisiera para complacerme, sentí que me recobraba y el cosquilleo de un principio de erección. Como tenía hambre, sentándome en la terraza, le pedí un par de sandwiches y mientras me los comía me hizo una danza tan erótica que acabe dejando sin comer parte del segundo pan. Ella notando mi erección escondida bajo el plato, me lo comenzó a mamar con tanta pasión que no se detuvo allí y empujándome hacia el borde de la silla siguió bajando su cabeza hasta alcanzar los testículos. Todo con tanto entusiasmo que sin poder resistir mas me vine con tanta leche sobre ella que al pararse le corría cara abajo hasta la cintura y los muslos. Noté que ella también deseaba ser complacida, pero eso si le pedí que se duchara primero ya que a pesar que cualquier flujo de cuerpo de mujer me excita me disgusta el contacto o olor de semen aunque sea propio. Me invitó entonces a esperarla en su dormitorio, y todavía húmeda procedí a besarla en la forma que acostumbro con mi novia, pero al llegar a su sexo me pidió que nos procuráramos placer mutuamente ya que la excitaba aun más el tener, al mismo tiempo, mi órgano en su boca. Mientras yo le introducía mi lengua en su sexo estimulando su clítoris con rápidas pasadas como lo hago con mi novia, note que no sólo me besaba y lamía el órgano y su saco, sino que en su pasión seguía mas allá, recorriendo con su lengua toda mi partidura, ahondándola incluso en los territorios mas privados.

Con tanto placer estaba a punto de venirme nuevamente con todo cuando la viuda notando esto me pidió que lo hiciera en su interior pero con bastante follaje primero. Intenté explicarle entonces mis principios religiosos, pero me contestó que aunque los respetaba, en el caso de ella, el penetrarla debía yo considerarlo mas bien como un apostolado ya que su finado marido la había dejado siempre insatisfecha y se sentía bastante frustrada. Con sus piernas ya abiertas y sintiendo mi verga como acero, decidí entonces hacer una excepción al principio y complacerla. Al principio mas bien suave por lo desconocido, pero luego aceleré el ritmo y comencé a pedido de ella, a clavarla cada vez con más fuerza y llegando más y más adentro. A pesar que apenas podía con tanta excitación de esta nueva experiencia y que mi verga quería como un volcán explotar con cada penetrada, me mantuve inflexible entrando y saliendo por casi quince minutos, hasta que sus gritillos llegaron a ser verdaderos alaridos de placer y notándola ya con múltiples orgasmos, decidí venirme con todo. Al hacerlo sentí un placer tan grande sobre todo en el área de los sacos que endurecí bien el trasero y la seguí follando por un rato, sintiendo ese misma sensación deliciosa con la derramada de cada penetrada.

La viuda me tomó mucha estimación, contratándome como su jardinero privado. A pesar que mis padres no se explicaban como los Sábados me iba sin tener siquiera herramientas de jardinería, yo sabía que no requería mas que las propias para complacerla. Mientras tanto, yo con mi novia mantuve mis principios religiosos de no brincármela, a pesar que me era muy difícil mantener estos votos después de haber probado el verdadero placer.

La viuda sorpresivamente se fue a vivir a Europa dejándome pagado los estudios de contabilidad aquí en V. Todavía sostengo que es muy meritorio para un hombre el poder llegar al altar sin haber nunca tenido relaciones sexuales con su novia o alguna otra muchacha, pero reconozco que la tentación es muy grande una vez que se ha hecho la excepción, aunque haya sido por razones mas bien altruistas y desinteresadas como fue mi primera vez.

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