Voy a relatar como, en una inolvidable noche de verano, mi joven y bonito traserito pasó a ser de disfrute publico... Quien ha leído mi relato anterior (El día que me llenó completamente) puede haberse dado cuenta cuanto disfruté recibiendo mi primer y abundante chorro de semen en mi trasero. Desde entonces los encuentros íntimos con mi amante-inculador se multiplicaron en intensidad pero no en numero y en frecuencia: por lo menos no tanto como mi joven y caliente cuerpo me pedía.
En aquella época tenia unos 19 añitos, era rubio, esbelto de figura, muy bien dotado y con un culo fantástico: además de todo esto estaba muy caliente y con el deseo constante de ser sobado, acariciado y penetrado por una buena polla. La única que conocía y que podía disfrutar por entonces era la de mi amante, un poco mayor de edad que yo: sin embargo debido a distintas circunstancias cada vez menos frecuentemente nuestras relaciones intimas tenían lugar. Los tiempos de espera se hacían interminables y desde 3 o 4 relaciones semanales pasamos a una por cada mes. Este deseo constante era tan intenso que llegaba hasta a ser un obstáculo por la preparación del examen de fin de curso que debía cursar por aquellas fechas. Era imposible concentrarse. Empecé a emplear consoladores de distinta naturaleza y tamaño para aplacar el hambre de polla de mi culo pero sin resultados apreciables: no era lo mismo que tener un buen miembro caliente clavándose totalmente. En estos accesos de excitación me encantaba desnudarme y mirarme al espejo: era increíble tener un culo tan hermoso y esperar durante horas, muchas veces en balde, que mi amante disfrutara con el y yo con su polla.
Decidí al final, con mucho miedo, dar el paso y conceder mi intimidad posterior a un hombre cualquiera, desconocido, entregándole aquellas nalgas tan bonitas en mi agujero aún angosto y estrecho. Seria también la prueba del nueve para saber si solo disfrutaba con el sexo de mi amante o si cualquier hombre me hiciese gozar introduciéndose dentro de mi. La verdad que, debido al largo tiempo transcurrido, mis recuerdos son algo borrosos y pido disculpas a por adelantado por las faltas de detalles de cuanto voy a relatar.
Era el mes de Junio del 1.978 cuando una típica noche de verano, templada por una ligera brisa, con todas las precauciones posibles para no ser visto, me fui a un parque notoriamente conocido por ser lugar nocturno de citas entre hombres. El lugar estaba totalmente oscuro pero, una vez acostumbrado a la oscuridad, pude distinguir muchas sombras paseando y alguna de ellas, en algún rincón más apartado, unidas y semidesnudas.
Sentado en uno de los bancos de piedra que había distinguí una figura vestida de blanco: era un chico joven que pareció mirarme con interés al pasar delante de el. En el recorrido de vuelta, volviendo a pasar, a señas, me invitó a sentarme a su lado. La verdad no me acuerdo ni siquiera de su cara pero debía de tener unos pocos años mas que yo: al sentarme a su lado noté que olía a colonia femenina y parecía de trato amable. Después de charlar un corto rato y ha cabo de muy poco me propuso, sin rodeos pero sin forzarme, ir con el en su coche para apartarnos y hacer el amor. Personalmente recuerdo que no me encontraba cómodo allí sentado con el riesgo que alguien me reconociera y además con una gana enorme. Le dije: Que si salimos del parque, y nos fuimos a su coche aparcado no muy lejos. Arrancamos y en diez minutos llegamos a un sitio solitario "Muy seguro y sin problemas" según mi compañero ocasional.
Como ya dicho anteriormente no me acuerdo de sus facciones pero bastante bien de su cuerpo en cuanto no tardó mucho en desnudarse completamente. Era totalmente privo de vello y solo en el pubis llevaba una mata espesa: su complexión más bien delgada. Su polla era de tamaño un poco superior a la de mi amante habitual y sobretodo su capullo era muy grande: la acaricié y luego empecé a chupársela. Después de muy poco me hizo levantar y me dijo que deseaba follarme. Bajé un momento del coche para quitarme la camiseta y bajarme los pantalones: mientras mi amante ocasional, totalmente desnudo, colocó el asiento del pasajero todo atrás y luego lo abatí. Terminados estos preparativos volví a entrar en el coche y me coloqué en este asiento poniéndome de rodillas a noventa grados y con mi culo ardiente hacia el parabrisas delantero, las manos firmemente agarradas al margen superior del asiento. En un instante mi inculador se puso por detrás de mí y noté su gran capullo rozar mi culo. Lubricó su polla con saliva y luego con sus dedos me ensalivó muy bien mi agujerito. Llegó por fin el momento tan deseado: me pidió que abriera con mis manos las nalgas mientras que con una de las suyas colocaba la punta de su polla, con gran habilidad, exactamente en correspondencia de mi agujero. En un instante, con un único empujón y no poco a poco como estaba acostumbrado, me la metió toda hasta el ultimo centímetro provocando por mi parte un chillido agudo. Me preguntó entonces si me había hecho daño: al decirle yo que no (La verdad es que un poco de dolor lo había probado) empezó a incularme con movimientos lentos y profundos apurando toda la longitud de su miembro sea en entrada que en salida. Su enorme capullo me llevaba al paraíso sobretodo en los movimientos de salida cuando se producían inclusive unos ruiditos de succión increíbles.
Pasado un rato aceleró de mucho sus movimientos de pelvis inculandome a destaco sin contemplaciones de ninguna clase pero ahora si, abierto como estaba, sin hacerme daño: se notaba que estaba muy bien entrenado. Tuve la sensación, que disfrutaba tanto follándome, que no hubiera salido de mi culo ni si se lo hubiera pedido a gritos expresamente e yo tampoco estaba en posición para eventualmente sacármela (y tampoco querría). Los últimos minutos fueron de escándalo: el metiéndola hasta el ultimo centímetro, sus pelotas golpeando mis nalgas, sacándola totalmente e volviendo a entrar de nuevo por completo a un ritmo endiablado mientras que yo gemía como una chica joven que recibe uno de sus primeros rabos. Mi inculador se corrió al final dentro de mí después de más de 20 minutos follándome muy fuerte. Tengo el claro recuerdo de haber gemido mucho durante todo el tiempo que estuve inculandome. Salió de mí y me acercó unos pañuelos de papel para que me limpiara: el estaba empapado de sudor y yo también con además mis nalgas bien lubricadas por su semen y mi agujero pulsando todavía de placer.
El interior del coche olía a semen y a sudor y tuvimos que abrir las ventanillas un buen rato para ventilar. Había sido inculado por un desconocido y me habia gustado mucho pero ahora, mientras me estaba limpiando delante de el, tenia un poco de vergüenza. Lo peor fue la vuelta: había recibido lo que querría y me sentía apagado y muy incomodo con aquel desconocido al cual había entregado mi culo, con un mixto de vergüenza y miedo que pudiera revelar cuanto ocurrido a alguien que me conociera creando un enorme escándalo (vivía en aquella época en una pequeña ciudad de provincia). No me interesaba profundizar en conocernos, más bien todo lo contrario, y por tanto procuré intercambiar muy pocas palabras y hacer que, vista la hora, me acompañara en un sitio alejado de mi casa.
Ha sido así que mi traserito ha empezado a ser de disfrute publico: no lo lamento y estoy muy satisfecho por cuanto he podido gozar con tantas pollas y contento de haber hecho pasar ratos tan buenos a tanta gente procurándoles tantas corridas.