El lunes siguiente a la boda convencí a mi marido para que me convenciera de que lo mejor es que Luis me diera algunas clases para manejar bien este trasto de ordenador. Me mostré reacia: "No me apetece mucho quedarme a solas" le dije. "Que tonta eres, ¿Qué crees que te va a hacer?, tiene casi cincuenta años y vamos no le veo muy potente que digamos". "Si te parece, le llamo, le recuerdo su ofrecimiento, comemos juntos y luego te dejo en sus manos" me comentó mi marido riéndose. "Bien, si no queda otro remedio, pero podría ir a algún centro de esos". "Que no mujer, que Luis es un experto, sabe mucho y nos ahorramos unas pelas". Ahí sacó mi marido su vena nacionalista.
El martes comimos juntos los tres, algo frugal, mi marido me dijo en un aparte, "Lo ves, hasta comiendo es inofensivo". Y dicho esto, se disculpó "Perdonadme, me tengo que ir, he quedado con unos clientes" "¿A qué hora vuelves?" le pregunté. Por lo menos hasta las 10 o las 11 no creo que consiga llegar. "Espérame a cenar y así me cuentas como ha ido todo". Beso fugaz y salida rápida.
Tan pronto como se cerró la puerta me lancé sobre Luis, me arrodille sobre sus muslos y comencé a morrearlo, mientras sus manos sobaban mis nalgas y sus dedos se colaban entre el cordón de mi tanga, él metió su lengua en mi boca y yo comencé a chuparsela como si fuera el pene, preparando el camino para lo que vendría después. Me admiraba y me sigue admirando el gran control que tiene sobre su polla, no se deja llevar, me hace disfrutar un montón, me da unos festines tremendos y hasta que no quiere él, su polla no se levanta. "¿Cómo lo consigues Luis?, mi marido en cuanto se me arrima esta empalmado y chorreando". "Practico Yoga". Pues sigue practicando, pensé que me lo haces pasar bomba.
Hacía unos días que sus dedos tocaban el pequeño orificio de mi ano, "¿No pretenderás romperme el culo?" le pregunté. "No te preocupes, es cuestión de tiempo, ahora que te he de dar clases todos los días, te iré prepararandolo y ya verás como el día que te penetre por ahí, no te vas a enterar, pero te vas a correr a lo bestia". Solo de pensarlo ya me estaba corriendo. Me abrió la camisa, metió las manos y soltó el sujetador, comenzó a chuparme los pezones sin dejar el resto del pecho libre de lametones, notaba pequeños mordisquitos y cada uno producía una respuesta en mi coño, como si de un acto reflejo se tratara.
Volvía de continuo a subir hacia el cuello, se enredaba entre mi pelo, me morreaba, bajaba de nuevo hacia mis pezones, que estaban duros como piedra, me eche a un lado mis juegos habían atravesado mis bragas y estaban sobre sus pantalones. Se los quité y los puse sobre el galan de noche de mi marido. Le tome de la mano y tire de él hacia mi cama, se quitó el resto de su ropa y me quitó la falda. Con su boca me quito la empapada tanga. "Espera que me lavo un poco". "Quieta estas mejor así" me dijo y hundió su cabeza entre mis muslos.
Como de costumbre, comenzó a recorrer con su lengua el contorno de mi vulva, que ya palpitaba entre cada lengüetazo. Besaba los alrededores, pero no se acercaba a mi botoncito rojo que ya estaba a punto de salirse del coño, tan pronto como pensaba que se iba a sumergir en mi almeja volvía a los alrededores de la misma. Me tuvo así una eternidad, y solo cuando lo estimó oportuno comenzó el recorrido de abajo a arriba si tocar para nada el clítoris. Otra eternidad después comenzó a mover su lengua de un lado a otro del clítoris y arrancarme un montón de chillidos de placer. Al tiempo metió dos o tres dedos de su mano y comenzó a realizarme un masaje detrás del hueso, apretando. De verdad, mis gemidos eran gritos de autentica pasión. Y de repente volvió a suceder. Un chorro blanquecino salió de mi vagina se estrelló contra la cara de Luis, se lanzo a la conquista de mi lecho, salpicó los espejos de los armarios y creo que llegó a la lámpara.
No me dejo parar, me dió la vuelta, se coló debajo de mis piernas y comenzó a lamer mi coño y mi ano al unísono al tiempo que metía un dedo levemente en el pequeño orificio de mi culito, fue otra eternidad maravillosa, otra eternidad de diez minutos marcados por el reloj despertador de la mesilla. "Ahora me toca a mi", salió de entre mis piernas y desde atrás se dispuso a penetrarme, atónita vi a través del espejo, como su pene se levantaba y aumentaba de tamaño como si utilizara una bomba neumática. En mi coño entró mejor que otros días. Noté sus huevos golpearme por detrás durante un largo mete saca que volvió a hacerme correrme otro sin fin de veces. Por fin descargó su furia dentro de mi coño.
Un ratito después estábamos en la ducha, no siguió el juego, "Tu no se, pero yo, voy a follarme esta noche a mi mujer". "¿Con quien lo haces mejor?" le pregunté. "Sois distintas, ella grita poco, pero se corre como tu un montón de veces. Además esta semana te voy a dar clases todos los días, para que manejes bien el Word". Se vistió, la mancha no se notaba apenas. Me besó fuertemente, me tocó las tetas y salió rumbo a su coche y a su otro coño.
Esa semana aprovechamos a fondo, "No acabo de enterarme" le decía a mi marido "Tranquila, es cuestión de tiempo, en tres o cuatro semanas sabrás mas que él". Y que semana, hasta el sábado por la mañana hizo un esfuerzo y mientras mi marido sacaba a las niñas, me dio un repaso tras otro y sobre todo preparo mi ano para lo que se paso en días siguientes, pero eso ya lo contaré en otra ocasión.
Aprovecho la ocasión para comentarles que he recibido un montón de saludos y peticiones en mi e-mail, gracias a todos. No se si estoy jugando con todo el fuego y a lo peor me quemo, hoy le he contado a Luis que estoy enviando relatos a vuestra página, le han encantado me ha animado a que siga haciéndolo.
Comentarios y sugerencias a: airm3285@hotmail.com