Ella nunca había tragado el semen de un tipo, pero tuve la suerte de que fuese yo quien le despertara el morbo para poder realizarlo. Esta historia ha sido algo que nunca imagine, pero digna de contar.
Tengo 42 años y mi vida sexual se suponía normal, me gusta mucho el morbo, la adrenalina a mil, el goce sin límites. Después que me separe de mi pareja, incursione en Internet, en busca de mujeres dispuestas a disfrutar de su soledad.
Me conecté con una mujer de 37 años, divorciada, que llevaba una vida dedicada al trabajo y a su hijo. Después de su separación como que su vida de mujer la había dejado de lado. Me mando la foto donde solo mostraba su rostro angelical, morocha de ojos negros gigantes, una boquita sensual y pequeña, como me gusta a mí, la verdad que prometía. Hubo muy buena onda tanto en el messenger como en las largas charlas telefónicas que entablábamos noche a noche. Vivía bastante lejos por lo que los encuentros se iban postergando, aunque una noche antes de que nos conociéramos mis palabras la llevaron a masturbarse, y poco a poco se fue haciendo rutina él masturbarnos mutuamente.
Llegó el momento de conocernos y para mi sorpresa y pienso que para ella también la realidad indicaba que había muchos kilos de mas en su figura, y en la mía muchos de menos.
Soy un tipo de complexión pequeña, bien flaco, morocho, no mido mas de 1,70, pero la onda y todo lo que habíamos compartido nos hizo dejar prejuicios estúpidos. Había piel. En verdad todas mis mujeres han sido mas o menos de aspecto similar al mío, es decir normales, pero esta mujer era imponente. Isabel que así se llama, no tenía nada de grosero pues a pesar de sus kilitos, es muy agradable, una carita de ángel y demonio, pero muy femenina, y además tenía sus formas bien definidas, me comentaba que sus kilos llegaron en su vida matrimonial, pues en su época adolescente era una mina impresionante, así me lo demostraron las fotos que después pude ver.
Bueno continuamos nuestras charlas, nuestras masturbadas, nuestros encuentros se empezaron hacer un poco más asiduos a pesar de los tiempos que no nos permitían, ni de las distancias. Ella me había comentado que su vida sexual nunca fue buena, según ella nunca tuvo sexo oral con su ex, no le agradaba y le daría asco tragar el semen, que nunca tampoco había tenido una penetración anal, su ex, era un tipo que no le interesaba el sexo para nada, a tal punto que en su noche de bodas, el la penetro llego a su orgasmo y después la tuvo que masturbar para hacerla llegar a ella. La verdad deprimente, pero que en esta vida hay de todo, hay de todo, además ella en esa época era semejante hembra y la verdad que a mí me quedaba la duda de su real situación sexual.
En uno de nuestros encuentros, ella me pasa a buscar en su auto, ella es de un nivel socio económico más elevado que el mío, y nos fuimos a estacionar en la rambla a orillas del mar, Es una zona muy agradable por la vista además, de ser propicia para las parejas, a pesar de que siempre alguno que otro tipo aparecía haciendo footing, o paseando a su perrito.
Reclinamos bien los asientos y ella en un instante estuvo abrazada a mí. Mis labios recorrían su cuello, su piel se erizaba, y me lo enseñaba, estaba tan excitada como yo. Nuestras lenguas se reconocían y nuestras manos buscaban algo que nos llevara al cielo. Ella desprendió los botones de mi camisa, mientras yo apretaba en su entrepierna mi mano, que sentía como su humedad traspasaba la frágil tela de su pantalón.
Ella comenzó una lenta, pero delicada tarea de besar mi pecho, mordía con una ternura impresionante mis tetillas, a la vez que su lengua se encargaba de humedecer toda mi piel. Le agradaba el sabor de mi piel era lo que me decía, y a mí me encantaba sentir su vagina empapada, a la cual ya habían llegado mis hábiles dedos. Su lengua era algo encantadora en mi piel, sabía como elevarme, y más aún cuando sus dedos desprendieron mi pantalón y dejaron al descubierto mi anhelante verga, dura y lustrosa, a punto de estallar, no imagine lo que vino después.
Sus labios recorrían mi vientre y mis dedos jugaban ferozmente con su clítoris, por lo tanto su excitación era enorme. Continuo con su recorrido hasta situarse a escasos centímetros de mi miembro y lo tomo entre sus dedos y empezó a pasarle suavemente la lengua hacia arriba y hacia abajo, deleitándose al hacerlo como si fuera un delicioso cucurucho helado con la diferencia de que mi miembro hervía. Se lo llevó a la boca y lo succiono con voracidad, me enloquecía ver a esa mujer chuparme la verga. Sus manos ágiles me lo acariciaban y su lengua seguía recorriéndolo como si fuera un manjar para ella. Me iba a ir en cualquier momento, y se lo hice saber pues le hundí mis manos en su cabeza y la apreté aún mas contra mí, se lo dije y la muy puta apoyo la cabeza de mi verga en su lengua y descargue todo mi semen en su deliciosa y sensual boquita.
Recordé lo que me dijo con respecto a tragarse el semen, y con que alegría le hacia chorrear toda mi eyaculación. Cuando acabe, su lengua saboreo su precioso manjar y trago con una deliciosa sonrisa, para luego volver a meterse a la boca y limpiar los restos de semen mi aún erecto miembro. Que delicia, mmmm... espesito y calentito fueron sus palabras.
Goce como nunca, y la muy zorra después de haberse tragado toda la lechita, se arregló la ropa, se arreglo en el espejo retrovisor el pelo, se pinto nuevamente los labios, y encendió el auto. Una mirada picara y libidinosa me decía que esto no iba a quedar así, estaba al lado de una hembra en celo dispuesta a devorarme, y yo iba a permitírselo.