Veronica acudió a aquella cita, a aquella extraña mansión, preguntando si tenían algo para ella. Y sí, lo tenían, una cajita con un hermoso dilatador de cristal por estrenar. Veronica se fue con el regalito, pero volvió para preguntar para que servía aquello, como si no lo supiera. Él la llevó al patio de atrás, donde había un viejo sofá, perfecto para enseñarle para que servía aquel artilugio, para preparar su culito a recibirla por detrás.